Anoche os sentasteis a hablar largo y tendido sobre un tema. Te dejó bastante claro lo que pensaba y tú incluso volviste a casa con cierta tranquilidad: “Vale, pensamos lo mismo”.
Al día siguiente vuelve a salir exactamente el mismo asunto y delante de ti parece haber una versión ligeramente distinta de la persona con la que hablaste ayer. Ha cambiado de opinión. Y, además, te lo cuenta como si fuera lo más normal del mundo.
La discusión sobre si se puede confiar en Géminis suele empezar justo ahí.
La gente no busca este tipo de preguntas en internet únicamente por los típicos clichés del horóscopo. Géminis piensa rápido, siente curiosidad por casi todo y puede cambiar de opinión cuando aparece información nueva. Visto desde fuera, esa facilidad para cambiar de perspectiva puede parecer falta de coherencia. Y si para ti la confianza significa “si ayer dijiste una cosa, hoy deberías mantenerla”, la situación se complica todavía más.
Porque para Géminis lo que dijo ayer no siempre era un contrato. A veces era, sencillamente, lo que pensaba ayer.
¿Por qué molesta tanto que Géminis hoy diga una cosa y mañana otra?
En realidad, todos cambiamos de opinión. La diferencia es que la mayoría lo hacemos con algo más de discreción.
Primero le damos vueltas, intentamos entender por qué ya no pensamos como antes y, cuando más o menos lo tenemos claro, se lo explicamos a los demás. Géminis, en cambio, a veces te deja asistir a todo ese proceso mental prácticamente en directo.
Por la mañana puede defender una idea con absoluta convicción, por la tarde descubrir otra posibilidad y por la noche estar hablando de las dos como si ambas merecieran exactamente la misma atención.
Desde su punto de vista, quizá no haya nada extraño en ello. “He descubierto algo nuevo y he cambiado de opinión”. Para Géminis, puede ser así de sencillo.
La otra persona, mientras tanto, está en un lugar muy distinto: “Pero si ayer me dijiste justo lo contrario”.
Cuando alguien se pregunta por qué Géminis tiene fama de poco fiable, suelen aparecer varios comportamientos:
Cambiar de decisión con bastante rapidez.
Contar un mismo asunto de forma distinta según el ambiente.
Mantener contacto con muchas personas al mismo tiempo.
Hacer alguna promesa llevado por el entusiasmo y olvidarla después.
Perder rápidamente el interés por algo que poco antes le fascinaba.
Es muy fácil meter todo esto en el mismo saco y concluir que “de Géminis no te puedes fiar”. Pero tampoco conviene restar importancia al efecto que puede causar en quien está al otro lado. Tener que preguntarte continuamente con qué versión de una persona vas a encontrarte puede llegar a cansar de verdad.
¿Géminis tiene realmente dos caras?
Es probablemente una de las etiquetas más duras que persiguen a este signo desde hace años. De hecho, la idea de que Géminis tiene dos caras aparece casi siempre entre los primeros tópicos cuando se habla de él.
Para mí, aquí hay una diferencia pequeña pero importante.
Mostrar facetas distintas con personas diferentes no es lo mismo que engañar conscientemente a los demás.
Géminis suele adaptarse con rapidez al ambiente social. Con sus compañeros de trabajo puede hablar de unas cosas, con una amistad de toda la vida convertirse casi en otra versión de sí mismo y con su pareja mostrar un lado totalmente diferente.
Desde fuera es fácil pensar: “Entonces, ¿cuál de todas esas versiones es la verdadera?”.
La respuesta puede ser desesperantemente sencilla: todas.
Una persona no tiene por qué tener un único estado de ánimo, una sola opinión ni una personalidad idéntica con absolutamente todo el mundo. En Géminis, esas distintas facetas suelen verse con más claridad y quizá por eso despiertan más sospechas.
Eso sí, aquí también tengo una pequeña objeción para Géminis.
No puedes justificar una promesa olvidada, dejar a alguien completamente confundido o actuar mañana como si nunca hubieras dicho lo de hoy simplemente con un “es que yo soy cambiante”. Una cosa es ser flexible. Otra muy distinta es hacerse responsable de lo que dices y haces.
Los problemas de confianza se notan más en las relaciones
Esa misma variabilidad que puede resultar divertida en una amistad suele molestar bastante más dentro de una relación de pareja.
Un día Géminis puede pasarse horas escribiéndote y al siguiente meterse por completo en su mundo. Es normal que la persona que está al otro lado empiece a preguntarse qué ha pasado.
Lo complicado es que Géminis quizá piense que no ha pasado absolutamente nada. Y si considera que no existe ningún problema, puede que tampoco vea la necesidad de dar explicaciones.
Mientras tanto, la otra persona ya se ha montado unas cuantas películas en la cabeza.
Hay algunos comportamientos que pueden poner especialmente a prueba la confianza dentro de una relación:
Que empiece a haber demasiada distancia entre lo que dice y lo que hace.
Que la comunicación disminuya de repente.
Que convierta un tema serio en una broma.
Que enumere todas las posibilidades en lugar de dar una respuesta clara.
Que se distancie emocionalmente cuando empieza a aburrirse.
Lo curioso es que Géminis puede no entender de verdad por qué la otra persona está tan inquieta. Desde su perspectiva, quizá solo haya cambiado de opinión o haya tenido unos días especialmente ocupados.
Para su pareja, en cambio, la pregunta ya se ha convertido en algo mucho más serio: “¿Hasta qué punto puedo confiar en esta persona?”.
Decir que no te puedes fiar de Géminis es demasiado fácil
Las malas famas del zodiaco se propagan a una velocidad increíble. Escorpio acaba siendo vengativo, Tauro terco y Géminis poco fiable. Y al final intentamos encajar a personas reales dentro de personajes construidos con tres o cuatro palabras.
Sin embargo, entre las características de Géminis no solo hay rasgos que puedan complicar la confianza. Su facilidad para conversar, su curiosidad, el interés que puede sentir por el mundo de la otra persona y su capacidad para ver una situación desde distintos puntos de vista tampoco son poca cosa.
Lo difícil de construir confianza con Géminis es esperar que nunca cambie.
Porque va a cambiar.
Cambiará de opinión, cambiarán sus intereses y puede que mañana aquello que ayer le parecía importantísimo ya no le resulte tan relevante.
La verdadera cuestión no es si cambia o no. Es qué hace con la persona que tiene delante cuando ese cambio se produce.
Un Géminis capaz de decir “ayer pensaba así, pero he cambiado de opinión” no es lo mismo que alguien que cambia continuamente de dirección sin explicar nada y te obliga a correr detrás intentando averiguar qué está pasando.
Quizá una parte de la mala fama de Géminis venga realmente de un cliché que no se merece del todo.
Y quizá otra parte tenga que ver con ese famoso mareo que siente quien intenta seguir el ritmo de una mente que va demasiado deprisa.
Porque, reconozcámoslo, a veces uno solo quiere saber una cosa.
¿Lo que me dijiste ayer sigue siendo válido hoy?
